Un trago amargo en State College – USA



He decidido posponer mi entrada de blog sobre Pattaya para la próxima semana. He sido víctima de lo que comúnmente se conoce como el efecto Trump, y quiero hablar de ello; concientizar a la comunidad es clave en la prevención de racismo y fanatismo.

State College, Pensilvania

Esta ciudad es el paraíso terrenal en medio del caos político y social que se vive en las grandes ciudades de los Estados Unidos luego de las elecciones a la presidencia. Es conocida como una de las tres ciudades más seguras de ese país, y donde los homicidios son tan raros, casi como encontrar un carrito de peto en las calles Alaska.

Las cuatro estaciones tienen lugar religiosamente. El invierno es helado y lleno de nieve; la gente esquía en la montaña Tussey y se desliza de todas las lomas habidas y por haber sobre tablas de surfear. La primavera es preciosa, los tulipanes más lindos decoran los jardines y las personas suben la montaña Nittany caminando para disfrutar del clima. En el verano la gente se queja de calor. Pero yo, que he vivido en Santa Marta toda mi vida, todavía uso saquitos durante las noches.

El arboreto en Penn State es un lugar para caminar y observar diferentes clases de árboles, plantas y flores que nacen durante todo el año en esta área. Para los deportistas acuáticos hay un lugar silencioso en medio del área rural del "Valle Feliz", como le llaman carismaticamente a State College. Hay una gran variedad de restaurantes, desde los más comunes hasta los más elegantes, y todo tipo de culinaria hace parte de esta ciudad universitaria: griega, mongola, coreana, árabe, y las más usuales como la mexicana, la italiana y la china.

En esa ciudad cada quien vive bajo el lema: “vive y deja vivir”. Ciertamente con algunos inconvenientes y dramas como cualquier otra ciudad universitaria, pero organizada, con calidad de vida y seguridad. La educación es muy buena, jocosamente siempre digo que, entre cada 10 personas, 8 tienen un PhD.

La noche de viernes

Me dispuse el viernes pasado a ir a celebrar el cumpleaños de mi amiga Karen. Éramos un grupo de casi 30 hispanos de nacionalidades distintas; peruanos, mexicanos, colombianos, argentinos, salvadoreños, y tal vez otros que se me escapan. Uno de los asistentes organizó la cena en un restaurante local, llamado Home D Pizzeria. Después de un par de horas de compartir entre amigos, un gringo se acercó a dos de mis amigas y a mí, mientras una de ellas se fumaba un cigarrillo en la entrada del establecimiento, y nos preguntó agitadamente si hablábamos inglés.

Nosotras hicimos caso omiso porque ya teníamos la corazonada de para dónde iba su pregunta. Sin embargo, el tipo prosiguió: “¿así que ninguna de ustedes habla inglés? Esto es América, y en América se habla inglés”. Pensé: Estados Unidos no tiene idioma oficial y América es uno de los cinco continentes donde se habla no solo inglés, sino español, portugués, francés, entre otros idiomas. Además, muchas lenguas indígenas tales como el quechua, guaraní, quichua, aimara, náhuatl, maya, entre muchas otras también. De todas formas, recapacité y como decimos los colombianos, "si me muerdo la lengua, me enveneno".

Yo no iba a darle una lección de historia a ese inculto, por lo que decidí entrar al restaurante nuevamente y evitar problemas. Prontamente el tipo se sintió ignorado una vez más y comenzó a gritarnos que le mostráramos la “Green card” porque parecíamos ilegales. Esto duró aproximadamente diez minutos y yo sentí que eran 60 segundos debajo del agua.

Pude escabullirme y llamé al administrador del restaurante, pidiéndole que llamara a la policía porque el tipo nos estaba acosando. El administrador dijo que ese era un cliente regular y que no llamaría a la policía. Pero recordé que esto es “América” y la están tratando de hacer “great again,” así que llamé a la policía, quien acudió prontamente y sacudió al tipo del lugar, generándole un reporte.

La primera enmienda de la Constitución de los Estados Unidos

Estados Unidos garantiza a todos sus ciudadanos el derecho a la libertad de expresión. Y aunque el fanatismo siempre ha hecho parte de todas las culturas, incluyendo la estadounidense, se les protege su derecho a pensar diferente y a expresarlo.

La primera enmienda no solo otorga el derecho a la libre expresión, sino a la prensa, a escoger una religión y practicarla, y a la reunión pacífica. Su creación estuvo influenciada por el pensamiento de Voltaire, quien decía: “desapruebo lo que dices, pero defenderé hasta la muerte tu derecho a decirlo”.

Yo admiro mucho la forma como viven los gringos. Pagan sus impuestos puntualmente, generalmente dicen la verdad y no andan con cuentos alrededor de sus vidas. Son personas justas y extremadamente organizadas; prevén las situaciones futuras y siempre tienen un plan B, no dejan nada al azar.

La estructura social se refleja en sus políticos, quienes son honorables porque los ciudadanos no se van de aguante: el que no sirve, se va, y si se queda durante su periodo, no es re-elegido. He ahí la gran diferencia en las decisiones que se toman en Colombia, comparado con las decisiones que se toman en Estados Unidos.

Pero, a pesar de la existencia de la primera enmienda, el acoso es un delito y no un privilegio apoyado en el derecho a expresarse libremente. Los racistas no tienen ni idea que no pueden andar por “América” repartiendo sus opiniones y clasificando constantemente a la gente de ilegal por el idioma que hablen.

Mucho menos pensar que existen únicamente dos clasificaciones: gringo y portadores de la tarjeta verde. ¿Dónde quedan todas las personas que vienen como turistas, estudiantes, diplomáticos, enfermos con visas especiales para tratamiento médico, y/o personas con permiso de trabajo y no autorización para residir permanentemente?

Ayer me decía una amiga que eso es consecuencia de los comentarios del presidente Trump. Puede ser.

Otra clara diferencia es que no porque algo sea “legal”, es socialmente aceptado. Eructar es legal, no por eso eructo delante de la gente… Ser racista es aceptado, no por eso voy acosar a los demás en virtud de mi racismo.

La reacción de la comunidad y del restaurante

A la mañana siguiente yo seguía con ese sinsabor que le deja a uno el trago amargo. Me preguntaba cuántos latinos cuya situación no se encuentra resuelta en este país pasan por situaciones parecidas y no dicen nada, no lo reportan a la policía y no lo publican; todo, por temor.

¿Cuantos mueren de miedo allá afuera y son humillados? ¿Por qué el administrador no llamó a la policía?, ¿por qué no lo hizo aun cuando yo le pedí que lo hiciera?, ¿qué tal que la situación hubiera escalado y yo hubiera sido víctima de maltrato físico?, ¿y, cuántos casos más como éste deben pasar para que las autoridades hagan algo?

Entonces, me fui a Yelp, donde soy miembro Elite, y escribí una reseña sobre mi experiencia en el restaurante. Alguien más publicó el comentario en una página local de Facebook. Para mi sorpresa, muchas personas compartieron el mensaje, más de 200 me escribieron expresando su simpatía. Además, el restaurante emitió una declaración disculpándose conmigo y todos los de mi mesa.

Entendí que informar a la ciudadanía es importante y los cambios se logran concientizandonos de los problemas que existen y se encubren por temor.

No obstante lo ocurrido, State College sigue siendo llamado el “Valle Feliz,” y por alguna razón, porque la mayoría de sus residentes son felices, y están dispuestos a reconocer los errores y reivindicarse.

Así que, “rednecks,” digan lo que quieran, pero, una vez terminen, devuélvanse a sus closets.

Instagram @saluakamerow


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