Alaska panorámica



Amé Alaska porque estaba de vacaciones, pero no me imagino viviendo allí. Sus paisajes llenos de misterio engalanan el paseo, y la vigorosidad de sus montañas abruman al turista con su majestuosidad. Hace frío, mucho frío, incluso en el verano. La brisa es helada aun cuando está soleado, y cuando el día está caluroso, raramente llegan a los 30℃.

Durante los inviernos –los cuales comienzan prácticamente en el otoño– los grados se registran más comúnmente en los menos. Durante mi visita, Juneau brilló por su nebulosidad y registró su máxima temperatura en 16 ℃. Skagway, sin embargo, ubicado al norte de Juneau, estuvo soleado, en 18 ℃ y con mucha brisa.

Desde cada puerto marítimo se puede apreciar el pueblo que se visita, después de la última casa visible solo hay montañas. No hay carreteras que comuniquen un pueblo con el otro, y los envíos por correo de manera expresa y durante la noche, pueden tomar hasta tres días.

Los mayores ingresos para Alaska provienen del gobierno. Las personas tienen dos y tres empleos que pueden no ser afines entre sí. Por ejemplo, en Skagway escuché que el jefe de policía es al mismo tiempo el párroco de la única iglesia en el pueblo.


Juneau

La población es de aproximadamente 30 mil personas. La industria generadora de mayor empleo e ingresos es la del turismo, y a pesar de su sentimiento conservador (políticamente hablando), los turistas son tratados como reyes. Juneau es un distrito minero, y muchos son los ingresos reportados de esta actividad.

El centro de la ciudad queda a 2 kilómetros desde el puerto marítimo. Hay tiendas de todos los gustos, eso sí, nada excéntrico. No hay cadenas de comida; no vi un McDonalds o un Burger King. No obstante, las patas de cangrejo están super recomendadas y el cangilón para tres personas por 90 dólares incluye cangrejo, camarones, y langosta. Mi plato favorito fue la crema de langosta.

No hay grandes tiendas de ropa. Toda la ropa es producida localmente para el frío del área. No vi marcas como Zara ni Coach (muy comunes en cada

esquina en los Estados Unidos). Eso sí, el lugar perfecto para comprar pieles de visón es Juneau. Los precios por abrigo no bajaron los 10 millones de pesos, de los más económicos.

Me fui a hacer canotaje de velocidad cerca del glaciar Mendenhall. Cuando miré la grandeza del glaciar quedé perpleja por unos minutos dado que las fotos no hacen justicia con la vista en vivo. Tanto que he escuchado la palabra glaciar y solo hasta que lo vi entendí realmente su concepto. Mágico.


Skagway

En Skagway viven aproximadamente mil personas. No hay viviendas ni lotes para construir, y se acostumbra a vivir en remolques. Dada la baja oferta de casas y la alta demanda, los precios de morada son exorbitantes. Eso sí, la gente de Skagway no quiere más residentes, con los que hay, ya es suficiente.

La vista hacia el valle Skagway es preciosa también. Cuenta la leyenda sobre la mujer de piedra llamada shԍagéi–en Poluchano (lengua indígena)–por quien se le dio el nombre al pueblo. Una indígena se perdió al llegar a esta zona, su familia la buscó por mucho tiempo, y ella a ellos. Pero no se encontraron nunca. Por esa razón, la mujer fue petrificada en la roca, para que cada vez que alguien nuevo llegue al pueblo, le cuente a su familia que la vieron, y vayan a buscarla.

En Skagway se puede tomar un tren que recorre toda la zona, pasa por fiordos, glaciares y cañones. El tren sube progresivamente 91 mil metros en una distancia de 10 kilómetros, por donde atraviesa varias ciudades. Yo, sin embargo, preferí irme a hacer tirolesa y combatir el miedo a las alturas. Mi tour fue dirigido por dos jóvenes loquísimos y super chistosos. La compañía se llama Alaska Mountain Guides – Adventure Park & Zip Line.


Fiordos Tracy Arm

De regreso de Alaska y en camino a Victoria, Canadá, pasamos por los fiordos Tracy Arm, llamados así en honor al secretario de la Naval de los Estados Unidos de finales del siglo XIX, Benjamín F. Tracy.

Los fiordos no tienen una descripción válida que se compare con la grandeza de su existencia misma. El agua por la que navegamos, según el capitán del barco, mantenía una temperatura no mayor a los 3℃, lo cual tiene mucho sentido si desde el barco se apreciaban los témpanos de hielo como resultado del invierno pasado. Los manantiales desde las montañas adornaban el panorama, y las focas sobre los témpanos de hielo se robaron el show. No se pierdan las fotos aquí.

Volví a mi casa después de 15 días en Alaska. De este viaje aprendí a apreciar más el verano y a perdonar nuestro corto invierno en Pensilvania.

Así me despido hoy desde Alaska y mañana desde Victoria, Canadá.

Instagram @saluakamerow


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