Charlotte y Greensville: el norte y el sur de las Carolinas



Separadas por un par de horas en autopista están dos ciudades propias de cada uno de los Estados de Carolina del Norte y del Sur. Ambos territorios fueron protagonistas de la Guerra Civil de Estados Unidos y de la Revolución Americana, y hoy son ejemplo de desarrollo y modernidad.

Greensville ha sido reconocida como una de las ciudades con mayor crecimiento económico en la última década. Generalmente ofrece un clima cálido y un cielo soleado, aunque recientemente fue golpeada por una tormenta de hielo y nieve que al parecer produjo caos por su falta de preparación para este tipo de clima.

Charlotte no se queda atrás; concebida como una ciudad altamente industrializada y actualmente la número uno en tecnología a nivel de los Estados Unidos. «2 pájaros de un solo tiro»: Spartanburg y Charlotte Aterrizamos a eso de las 10 de la mañana en Greensville en un aeropuerto del tamaño del aeropuerto de Santa Marta pero con una organización envidiable donde alquilamos un carro y nos fuimos a Charlotte.

El paisaje era absolutamente energizante; el sol estaba radiante, el verde del campo era tranquilizante y las nubes parecían pintadas a mano. El clima era casi tan perfecto como el de Medellín y el contraste de las autopistas en medio de los sembradíos hacía hincapié.

Decidimos parar en Spartanburg, una ciudad conocida por sus museos, jardines y galerías y porque la planta de manufactura de la BMW está localizada en esa ciudad. Estuvimos en el Spartanburg Regional Museum of History donde se muestra una secuencia de fotos organizadas históricamente en el tiempo, desde los asentamientos de los nativos en esa área hasta finales del siglo XX. También visitamos la exhibición de Nancy Corbin y Sam Mitchell en el Chapman Cultural Center, quienes trabajan sus pinturas capturando imágenes efímeras dentro del concepto de movimiento.

Manejamos una hora más hasta llegar al centro de Charlotte. Llegando al centro se podían ver a lo lejos los rascacielos y como ya era la hora del almuerzo, paramos en un restaurante llamado Kid Cashew con comida “del sur” de Estados Unidos y decoración “sureña”. Lo cierto es que el restaurante es definido como un lugar de parrilladas inspirado en los agricultores de esa localidad combinado con el paladar mediterráneo. Paseamos por el centro de la ciudad y nos devolvimos a Greensville, la ciudad donde pasaríamos los próximos tres días.

Al llegar a nuestro hotel nos fundimos hasta el día siguiente. En la mañana, Harry se fue a su congreso de patología y yo me senté a estudiar la caligrafía árabe para un examen que tenía al regresar a la casa. Al llegar la tarde, salimos a caminar y recorrer el pueblo y las calles, las tiendas de ropa y zapatos y un local de toda mi atención con casi 100 clases de vinagre, de todos los colores y sabores, se llama Oil Vinager.

Cenamos en un lugar de comida italiana tradicional pero no me pareció exquisito como me lo habían recomendado; a mí me choca que me sirvan crema de leche con sal cuando ordeno Alfredo. El verdadero Alfredo es una mezcla de quesos no de agua, harina y crema de leche.

Al día siguiente me recorrí durante el día los parques más famosos de esa ciudad. Caminé como 7 millas, fui al Peace Center, al Liberty Bridge (un puente colgante gigante) y me quedé a fotografiar las cataratas locales. Esa semana había un festival de vino y regresé al hotel con un par de botellas en la mano y unas cuantas copas consumidas, dizque de buen vino.

Al llegar la noche, puse unas fotos en Instagram de las cataratas y una amiga que no había visto en años me escribió y me dijo que se parecía al lugar donde ella vivía. Ya estuvo, hicimos parche al día siguiente, nos fuimos a comprar productos colombianos, almorzamos juntas y actualizamos el librito de la vida.

Greensville es un lugar muy pacífico, parte de esa característica es que es un pueblo universitario, como aquí, en State College, donde desde el más pobre hasta el más rico tiene un PhD y eso cambia totalmente el ambiente social. Hay mucha oferta de empleo y el clima es muy razonable si se compara con las temporadas gélidas del norte de USA.

En fin, si lo que se busca de las vacaciones es relajación y bajo nivel de actividad, esta ruta puede ser considerada. Lo más atlético que hicimos fue caminar y lo más riesgoso fue tomar un tour en segway. No dudan en escribirme a mi Instagram si quieren saber más. Así me despido hoy desde las Carolinas y mañana desde un archipiélago en el Océano Atlántico, ¿adivinan dónde?…

Instagram @saluakamerow

***Nota: Los nombres de los lugares no fueron traducidos al español para facilitar la ubicación cuando se busquen en línea.


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