Ziplining (Tirolina) en St. John, Canadá



St. John fue la primera ciudad incorporada a lo que se llamaría Canadá a finales de los 1.700. Está ubicada en el noreste de Canadá frente a la bahía de Fundy y al norte del golfo de Maine. Si el verano es frío, no me imagino la gelidez del invierno en esa área.

Llegamos a las nueve de la mañana, salimos del muelle y caminamos por la ciudad hasta llegar al terminal donde tomaríamos el bus que nos transportaría al encuentro con nuestros guías. La actividad del día en Saint John fue escogida por mis hijos, quienes buscan siempre actividades extremas, espeluznantes y abrumadoras para su mamá; en eso está el detalle.

Me dijeron que “algo” de zipline estaba incluido en el paquete turístico. Nadie tuvo la consideración de advertirme que el “algo” incluía cuatro trayectos de al menos 150 metros sobre la bahía de Fundy y colgando a unos 35 metros del suelo (un edificio de 12 pisos), conectados de forma que, si iniciábamos el recorrido, no había vuelta de hoja.


Zipline es uno de los ejercicios más comunes de entrenamiento militar. Consiste en una polea que se usa para transmitir cables suspendidos al vacío y asegurados en dos extremos donde la inclinación es diferente en cada lado, permitiendo a la persona colgada del cable deslizarse de la parte superior a la inferior.

Eso era lo que sabía de la actividad, así que me acobardé — me bajé de la primera torre, a unos 3 pisos de altura y pronto escuché los gritos de mi familia, quienes amenazaban con abandonar la actividad si me retiraba. Pero como todo estaba pago, me regresé.

Solo recuerdo ser la última en deslizarse. Grité a pleno pulmón, llegué al otro extremo liberada, mis piernas temblaban y no recuerdo sentir mi corazón latir, solo los gritos de mi hijo diciendo: “lo hiciste, mamá!”

Para el segundo trayecto, me recomendaron enrollarme como caracol, porque resulta que la gente liviana no llega al otro extremo si la inclinación no es dramática, dependiendo de la longitud, claro está.

Hice la tarea, pero no llegué. Me vi colgando casi al final de camino por un rato, mientras uno de los expertos se deslizaba en un cable paralelo para empujarme.


Ya en mi tercer deslizamiento estaba feliz y disfrutando el paseo, básicamente porque pronto llegaría a la meta final. Más aún, debo reconocer que el último trayecto me lo bajé en posición de bailarina, disfruté el aire fresco, la solitud del viaje de extremo a extremo y mi capacidad de acomodarme a las circunstancias más terribles en cuestión de minutos.

Aunque nuestra próxima aventura será escogida por mí y no por ellos, fue demasiado interesante retar mi hipotálamo. Esa sensación después de gastar la adrenalina es genial y totalmente recomendada. Zip-line fue una actividad concluyentemente desafiante. Sin embargo, hay otras actividades y con menos adrenalina: disfrutar el día en el parque Nacional Fundy, explorar las Rocas Hopewell, visitar las cuevas de Saint Martins, etc.

En relación a la comida, lo típico de Saint John es la comida de mar: la mejor langosta y los mejores moluscos que me he comido ahí; y al mejor precio.

Así me despido, hoy desde Saint John, Canadá, mañana desde algún otro lugar.

Instagram: @saluakamerow


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